domingo, 3 de mayo de 2026

LA CONCIENCIA DEL VIRUS

 

En la película dirigida a cuatro manos por Jorge Lara y Fer Pérez “Los Justos”, nueve (que no doce) presuntos nuevos hombres y mujeres del siglo 21 (cuesta no decir sin piedad) serán una vez más puestos a prueba. Y de nuevo sus conceptos de justicia, ética y conciencia serán valorados en un particular examen fílmico de fin de curso. Su deliberación en su condición de jurado popular viene marcada por un dato que la propia película en sus primeros compases deja cristalino: No existe ningún tipo de duda razonable sobre el justiciable. Su culpabilidad como autor de varios delitos de cohecho, malversación y tráfico de influencias no presenta para los autores duda ninguna. De modo que el campo de batalla dialéctica se circunscribe a un examen ético sobre esos nueve que la película utiliza como experimento de laboratorio psicosocial. Y como suele suceder en este micro género, al final no asistimos a un proceso sobre el corrupto sobre el que la película ya ha dictado sentencia en el minuto uno, sino al juicio sumarísimo de los nueve elegidos. A su particular retrato de Dorian Grey que la película pretende expandir como scanner de toda una sociedad. 




Para su experimento, la película nos presenta un abanico variado de personajes de diferentes extractos sociales y los somete a una juguetona versión del relato de Mark Twain “el billete de un millón de libras” en el que dos excéntricos millonarios usan de cobaya a un ciudadano anónimo sometiéndole a bruscos cambios de fortuna. Sin embargo, no es este simplemente el retrato distorsionado de la tradicional picaresca española aderezado a los nuevos tiempos sino un examen crítico de las nuevas corrientes de pensamiento como el posthumanismo y el  transhumanismo que pretenden construir nuevas utopías renacentistas al estilo de “la nueva Atlántida” de Francis Bacon. Esta película  les viene a decir  a todos aquellos que preconizan que es necesario volver a examinar el “quien soy” socrático para retomar un “quienes somos” reconstruyendo una sociedad armónica sobre la base de la restauración de los valores  públicos y dejando de lado el individualismo de las sociedades neoliberales, que no. Que no hay manera de avanzar de forma armónica edificando un espacio público de encuentro. Al menos por el momento. Y que tal y como advertía Kant, todas las teorías sobre la razón tropiezan con un escollo casi insalvable pues “con semejante madera tan torcida como está hecho el hombre, debemos ser escépticos. Difícil construir nada recto, razonable y armonioso con semejante materia prima”.




Por tanto, ante la tentación económica a que son sometidos los nueve justos pronto se advierten fisuras. Y ya advirtió Tolkien de la facilidad corruptora del hombre denominando precisamente ”los nueve” a aquellos humanos presa de la codicia que se entregaban a servir al Señor Oscuro como si hubieran leído el clásico aforismo de Montaigne que advierte que la codicia es como beber agua salada, cuanto más se bebe más sed se tiene. 

Sin embargo, en este contexto la película no apunta ni entra a fondo en todas las posibilidades que plantea. No se aborda la culpa ni el sentido de justicia en su sentido más calvinista y profundo tal y como hizo Eastwood en "el jurado nº 2". De Bergman ni hablamos. Nos quedamos en un mero enunciado un tanto superficial en el que curiosamente se termina condenando éticamente precisamente a aquellos más desfavorecidos víctimas de una sociedad ultraliberal y competitiva. De este modo, el diagnóstico no es completo, ni en lo individual ni en lo colectivo. Estamos muy lejos de crimen y castigo. Cierto que se  describen los males morales del hombre moderno falto de principios en  la sociedad de la desconfianza según Victoria Camps.Y hay un intento no sé si consciente de cuestionar todos los ensayos buenistas que proponen utópicas sociedades solidarias sobre la base de la colaboración mutua. Aunque hay que apuntar que de forma involuntaria se termina en última instancia haciendo un diagnóstico incompleto y sesgado en el que en gran parte, los responsables de las miserias humanas terminan siendo precisamente quienes las padecen, víctimas de una sociedad injusta. Pero no se aborda ni se profundiza  en un cuestionamiento social y moral íntegro que apunte a la raíz de un sistema nocivo y agotado, sino que nos quedamos en las debilidades humanas, simples fallas individuales que solo nos permiten vislumbrar el mapa completo a distancia,  leyendo entre líneas y sin mostrar al verdadero y auténtico enemigo.




Resulta interesante conectar esta película con otra que aborda el mismo tema. En “La fiebre de los ricos”  Mary Elizabeth Winstead es una broker implacable que también es sometida a bruscos cambios económicos en una sociedad ultraliberal, pasando de tenerlo todo a vivir en la más absoluta indigencia. El nuevo orden natural que el ultra liberalismo ha construido se convierte de pronto en implacable losa para quien disfrutaba de sus mieles. Aquí podríamos citar a Fitche, quien aseveraba que no es la naturaleza, sino la libertad misma, la que produce los mayores y más terribles desordenes de la raza humana, convirtiendo al hombre en su enemigo más cruel. Pero en este caso afortunadamente los autores no se quedan ahí y van más allá.

En su propuesta distópica pero muy real, en esa sociedad depredadora, liberal y tecnológica que cree vivir la emancipación del yo, Galder Gaztelu Urrutia sí plantea un diagnóstico más avanzado y profundo del estado de las cosas, no limitándose a las fallas naturales del hombre y los vicios propios de su naturaleza, sino apuntando directamente en su diagnóstico a la voracidad del capitalismo como sistema nocivo que vive inoculado como un virus afectando a todo el sistema, y lo que es más desolador, sin receta ni vacuna posible a la vista. Esa fiebre a la que alude el título de la película, retrata de modo formidable no una simple picaresca audaz futo de la codicia humana para obtener un rápido beneficio tal y como ocurre en “los justos”, sino la totalidad de la experiencia de pertenecer a un mundo regido por unas reglas contaminadas en su esencia y que afectan al núcleo del sistema.




En su relato, más lúcido, nihilista y desolador, las utopías renacentistas y los nuevos intentos en forma de ensayo sobre la necesidad de crear un espacio público plural que nos salve de ese virus ultraliberal que está en la raíz del sistema son también puestos en cuestión. Y quedan mejor expuestos. En “la fiebre los ricos” la propuesta se articula hasta el extremo de llevar a su protagonista a un “no mands land” en el que retorna al estado más primitivo del ser humano. El de la tribu solidaria y el intercambio en forma de trueque de las escasas pertenencias que quedan cuando su protagonista ya no controla los hilos de un sistema injusto y desbocado. Y los autores en un final formidable y demoledor nos dicen que pese a los loables intentos de reconstruir un nuevo Walden, nada se puede hacer si no se ha erradicado antes el virus. Si persiste la conciencia capitalista ultra liberal base del sistema, la construcción de una arcadia solidaria deviene utopía por cuanto no se ha erradicado el mal primigenio. Y en ese contexto, los conceptos de justicia y moral e incluso el gobierno de las emociones quedan supeditados no a una nueva conciencia solidaria, sino a un virus letal. Al final, la conclusión lógica y cinematográfica de films como estos, su secuela, no sería el hedonismo de "une partie de campagñe" ni "belle epoque". Son films post apocalípticos como "Soy Leyenda" o "The road"




Los protagonistas tanto de “Los justos” como la de “los fiebre de los ricos” obtienen una aparente victoria pírrica saltándose los conceptos de moral y justicia, pero con una diferencia evidente. Mientras los primeros practican el autoengaño y la justificación para sus acciones, la segunda en un último plano magistral, es de forma aterradora plenamente consciente del implacable virus que la habita. Y del post apocalipsis que le aguarda.     

viernes, 24 de enero de 2020

ACORDES Y DESACUERDOS


Uno de los fenómenos musicales del pasado año 2019 ha sido el lanzamiento de un nuevo grupo entre folk y country que lleva por nombre “The highwomen”. Integrado por cuatro fuerzas vivas y potentes del panorama actual, su presunto valor no está solo en sus melodías, sino en lo comprometido de sus letras, en las que se hace un continuo alegato reivindicativo y abiertamente feminista de reafirmación de la mujer. A destacar que su lanzamiento ha venido rodeado de comentarios de todo tipo. Han proliferado adjetivos positivos. De revolucionarias a valientes, desde proyecto rompedor hasta impulso que marca una nueva era. Pero también hay quien lo ha criticado de oportunista como estrategia calculada al amparo del movimiento “me too”. ¿Estamos ante un producto manufacturado y programado o una obra con músculo y raíces propias?


En la película de Scott Cooper “Corazón Rebelde” Maggie Gyllenhaal, periodista novata, entrevista al veterano cantante country interpretado por Jeff Bridges. “¿En estos tiempos de country prefabricado y de plástico es más difícil reconocer las autenticas canciones?”. La película, al igual que otra reciente titulada “Country Strong”, se preocupa mucho en retratar con nitidez una clara contraposición entre el añejo folk de carretera, bourbon, polvo y resacas amorosas en abierta pugna con un nuevo country postmoderno, de sonido limpio e impecable en las formas y que suena a producto gestado por las compañías para escalar en las listas de éxitos utilizando reclamos comerciales. El encuentro del resacoso loser Jeff Bridges con la actual estrella del country interpretado por Colin Farrell, está descrito con fino detalle. Farrell es un ídolo de masas con sus fans y su parafernalia de luces que según se nos insinúa por el camino ha ido perdiendo su alma de bluesman auténtico. Esa que no va recuperar por mucho que insista en repetir de cara a la galería que todo lo aprendió del auténtico y viejo vaquero Jeff Bridges al que supera ampliamente en discos de platino. Incluso esa apelación en el propio escenario ante la multitud suena tramposa. Como la búsqueda de un salvoconducto que legitime su apuesta musical definitivamente comercial. 


En el mismo sentido en “Country Strong” Gwyneth Paltrow tiene que lidiar en su gira post desintoxicación con una cantante de nueva hornada y amplia sonrisa que canta muy bonito pero de espaldas a lo más añejo. Sin sangre en las venas.  Aunque quizás el ejemplo más extremo y a la postre más honesto y menos maniqueo con esta dialéctica es un film hoy olvidado titulado “Georgia” en el que dos hermanas cantantes ejemplificaban las dos caras expuestas sin deslegitimar totalmente a ninguna de ellas, aunque mostrando un nostálgico cariño por la perdedora pasada de bares, copas, carreteras e infortunios amorosos que interpreta Jennifer Jason Leigh.  No nos vamos a extender en que los tres films citados comparten una adhesión inquebrantable al estribillo del arquetipo y el tópico asumidos sin complejos.


Sí que resulta destacable un aspecto en el dibujo del paisanaje que aparece muy acentuado en “Corazón rebelde”: la plasmación de un insalvable salto generacional. Todos los locales y garitos que recorre Jeff Bridges tienen como público fiel a gente que sobrepasa los 50. Tradicionales admiradores del clásico trovador de carretera, anclados en esa América profunda que exhiben con orgullo su admiración por unas costumbres que en lo musical van asociadas al polvo del camino,  el whisky añejo y  la granja del condado. Curiosamente, los mismos personajes que pueblan “Comanchería”. Desconectados absolutamente de las nuevas tendencias. ¿Podría esta gente estar interesada en el disco de “the highwomen” y sus alegatos de empoderamiento femenino? ¿Las reivindicaciones y verdades en la voz de un grupo de chicas interesan al potencial público amante del folk y el country? ¿y a la industria? Un ejemplo, una canción, puede ilustrar hasta qué punto puede cambiar el panorama. 

 Hay temas que valen tanto o más por su origen y significado que por ellos en si mismos.  Es el caso de "on with the song" de la cantante y compositora Mary Chapin Carpenter. La historia: En 2003, el grupo femenino de country rock "Dixie Chicks" cometió el "delito" de lanzar un discurso en pleno concierto abogando contra la guerra de Irak y las mentiras de Bush en el que consideró al presidente una doble vergüenza: como ser humano y particularmente una verguenza para Texas, patria chica del grupo. El precio que pagaron no fue el mismo que el de otras estrellas tipo Madonna o Bono que también se posicionaron contra la guerra de Irak sin consecuencias. Para las Dixie Chicks el boicot fue inmediato. Las emisoras country del medio oeste americano dejaron de pinchar sus canciones, dejaron de aparecer en las listas de country y tuvieron que cancelar muchos conciertos y apariciones en tv. Calificadas como antiamericanas y amigas de Saddam, lo peor estaba por llegar. Y es que muchos cantantes country y folk ligados a las discográficas de Nashville o bien se pusieron de perfil o abiertamente las calificaron de antipatriotas. Todo ello llevó a un retiro forzoso al grupo que no reapareció hasta finales de 2006. 


Y mientras la mayoría asistió al boicot al amparo del mismo patriotismo que tan bien retrata Costa Gavras en "El sendero de la traición" sucedió lo impensable: Mary Chapin Carpenter dedica expresamente "on with the song" incluida dentro del álbum "the calling" expresamente a las Dixie Chicks con una letra absolutamente contundente en la que lo más importante no es ya la dedicatoria al trio, sino el repaso sin paliativos que realiza respecto de la doble moral de toda esa gente no tan pura que se traga las consignas, boicotea y reparte carnets de patriota, con especial recado también para el presidente, aquel que a raíz del asunto manifestó que Usa es un país muy libre de no querer oir las canciones de las Dixie Chicks. Aunque el repaso más duro se lo llevan esas emisoras que se negaron a programar sus canciones. A Carpenter, el tema le creó ciertos problemas con su discográfica, ya que la cantante quería que "on with the song" fuese el single de lanzamiento del álbum. Ignoro si lo logró. De lo que no hay duda es que Mary Chapin Carpenter  decidió abrir sus conciertos en todo el país con esta canción. Las Dixie chicks reparecieron casi cuatro años después con un disco titulado "Taking the long way" que no sé si fruto de la mala conciencia fue galardonado con un par de grammys.


Ignoro qué opinión tienen años después las Dixie Chicks y Mary Chapin Carpenter del fenómeno The highwomen como baluarte musical de empoderamiento femenino. Y en un ejercicio de contorsionismo, qué pensaría el personaje de Jeff Bridges y su público de carretera del episodio de las Dixie Chicks. Aunque Mary Chapin Carpenter o fue muy osada o pareció tenerlo muy claro si decidió abrir sus conciertos en el medio oeste con un tema que no deja títere con cabeza.  Sabemos que a Sheryl Crow, Miranda Lambert o Dolly Parton les encanta el proyecto. A las mediáticas Ellen Degeneres y Oprah Winfrey les entusiasma. Aunque ya puestos, ya que la música no nació anteayer, sería jugoso saber qué dirían Billie Holliday,  Edith Piaf , Joan Baez, Janis Joplin o Patti Smith de todo este revival. O que opinarían las sufragistas de hace dos siglos


 Sí conocemos la opinión de Joni Mitchell. A ella la nueva hornada de cantantes folk y country le deja un tanto fría, en sintonía con las tesis de las películas mencionadas. “I was a freedom rider” cantan The Highwomen. Pero para Joni Mitchell el panorama folk no es el que era. Y si tiene que destacar un álbum de los últimos 20 años elige como flor en el desierto un disco que pasó practicamente desapercibido, “Revival” de Gilliam Welch que acompañada a la guitarra canta “I am an orphan on God’s highway, but I’ll share my troublers if you go my way, I have no mother, no father, no sister, no brother, I am an orphan girl”. Tras escucharlo detenidamente se comprende. La pregunta que la periodista le hace a Jeff Bridges es hoy más pertinente que nunca. Strange fruit, cantaba Billie Holliday.

Las imágenes son de The Highwomen, del film Corazón Rebelde y Country strong, Dixie Chicks, Mary Chapin Carpenter, Joni Mitchell y de Gilliam Welch


sábado, 27 de enero de 2018

ABAJO LA MUSICA

















Por esta casa se habían abandonado algunas añejas costumbres. Una de ellas consistía en hacer un repaso de la música que nos había llamado la atención por alguna razón en el año que terminaba. Y consideré para reaparecer que no estaría nada mal retomar la idea y reavivar con música esta sala adormecida durante demasiado tiempo.
Eso sí. Esta vez no voy a colocar los vídeos como en otras ocasiones. He utilizado un sistema distinto que hace tiempo deseaba probar y al que me he lanzado. El resultado, como no podía ser de otra forma, ha quedado un tanto chapucero y primerizo. Pero dado que lo realmente importante es la música, tampoco me preocupa demasiado. Ruego tengan por tanto cierto grado de indulgencia con el paliza que suelta la chapa. Su puesto pende de un hilo ahora mismo.
A nivel técnico, espero se pueda escuchar directamente en la propia página. Voy a intentar que así sea. No obstante, si hay algún valiente que prefiera o desee escucharlo en su móvil u otro aparato similar, o que le acompañe de otra manera, basta descargarse ivoox de forma gratuita, entrar en música en la sala oscura y bajarse el podcast si se desea. Espero que al menos una canción les guste.