domingo, 10 de mayo de 2026

LA BESTIA DE LA GUERRA

 


Hay que confesar que en ocasiones, el aficionado al cine, llevado por una primigenia ingenuidad adolescente, se mete en innecesarios berenjenales y ejercicios contra natura visionando films contra los que de entrada tiene serios prejuicios. Luces rojas que advierten que no se debe tomar un desvío que puede llevar a una autopista al infierno fílmico o a un Silent Hill en forma de celuloide sin salida posible. En el caso que nos ocupa, tres son los severos prejuicios que ha habido que vencer. Ante todo el título. Nada menos que como “ángeles del desierto” han traducido el Dirty angels original. Que para un film que se desarrolla en contexto bélico se intuye que no va a remitir precisamente a aquellos ángeles perdidos con Montgomery Clift en la segunda guerra mundial, desolador melodrama con claro sabor neorrealista sobre la orfandad que detallaba como se truncaban las vidas de los más inocentes, los niños, en conflictos bélicos a gran escala. Tampoco estamos en la senda de "ángeles sin brillo" de Douglas Sirk. Por desgracia, este título nos lleva a los inefables aromas de otros ángeles, los de Charlie en misión bélica, lo cual no es precisamente el mejor augurio.

  

El segundo prejuicio viene dado por la constatación de que la velocidad a la que circula la realidad geopolítica actual es mucho mayor que la evolución de los clásicos géneros cinematográficos. En el desquiciado contexto sociopolítico actual, articular un proyecto cinematográfico en el que un grupo de soldados de élite norteamericanos se enfrascan en una peligrosa misión en Afganistan para liberar a unos rehenes, choca frontalmente, hoy más que nunca, con una realidad brutal. Y es que intentar en 2026 reproducir los viejos cánones genéricos mostrándonos una vez más al cuerpo de élite yanki como salvaguarda de las esencias democráticas occidentales y como libertador de pueblos oprimidos sin derechos, tropieza de forma grave con la realidad aberrante del énesimo bombardeo que nos muestra día tras día cualquier informativo. Luego convendría recordarles a ciertos directivos de los estudios que resulta como concepto un tanto delirante plantearse un “comando en el mar de china” o unos patos salvajes actualizados al siglo 21 ya que la realidad hoy es otra. Una muestra más del desquicie absoluto en el que viven los ejecutivos de Hoollyood  atrapados en una red de franquicias sin fin, remakes imposibles y repetición de fórmulas caducas.



Hay más. Ya que esta película pretende además presentarse como novedosa reformulación en clave feminista del asunto. Es decir, que conforme a los dictados de la nueva era, hoy se ha convertido en moda impuesta que ahora los doce del patíbulo en misión suicida lo forme un escuadrón exclusivamente femenino. En unos tiempos en los que ya se comienza a hablar de autodestrucción woke, este film se nos presenta como presunta avanzadilla feminista de lo políticamente correcto. Y si hemos visto desfilar por la nueva pasarela fílmica a actrices como Jessica Chastain o Angelina Jolie haciendo exactamente lo mismo que Jason Stathan ahora parece que el turno le toca a Eva Green. 

Y es aquí donde conviene decir basta de prejuicios, por cuanto la primera sorpresa que depara esta cinta es que contra todo pronóstico y adelantémoslo ya, Eva Gren está espléndida en su composición de soldado de mirada torva, herida en lo más profundo, de apariencia amoral, anárquica, individualista y mal hablada, pero cuyo rasgo distintivo es estar en continua batalla no con el enemigo, sino con el rígido y caduco estamento militar al que pertenece con el que mantiene una relación de desprecio mutuo. La protagonista odia profundamente en lo que se han convertido las guerras y sus ejércitos. Y fruto de ello es una rara avis, un verso suelto en el marco de las actuales guerras tecnológicas con drones y bombardeos teledirigidos desde una pantalla que han olvidado el factor humano.



Y es que en ocasiones los prejuicios no son sólo más que eso. Pese a todo lo dicho, estamos ante una película vibrante, bien narrada, áspera y que no solo retrata el desmoronamiento moral de un mundo en constante guerra sin sentido, sino que se permite certeros apuntes sobre la condición humana llevada al límite en tiempos en los que la brújula ética ha perdido completamente el norte. Los soldados de este film rememoran por momentos el fatum patológico y desesperado de cintas pesimistas como “En el valle de Elah”, aunque su apariencia formal parezca una nueva entrega de “The old guard”

Sorprende que esta película haya obtenido un sonoro fracaso comercial por cuanto se podría decir que es prima hermana de otras dos notables. Una mixtura a caballo y con muchas semejanzas entre “Mad Max Fury Road” y aquel extraño western de Ron Howard titulado “Desapariciones”. La pesimista soldado de inquebrantable independencia y tozudez que encarna una soberbia Eva Green, en su papel de nihilista y obstinada héroe a la fuerza, está muy cerca de aquella Charlize Theron huyendo del sumo patriarcado postapocalíptico con unas ninfas vírgenes en la película de George Miller. Del mismo modo que se acerca también a aquella Cate Blanchett que se adentraba en una misión también infinita y obsesiva en busca de sus hijas raptadas por los indios en el film de Howard.



Y es cierto que la coartada que se emplea es un tanto naif y rebuscada. Nada menos que tal y como sucedía en “Argo” utilizar el disfraz y el engaño. En este caso, hacer pasar al comando femenino por una ONG de ayuda humanitaria que reparte medicamentos para adentrarse en el corazón de los grupos extremistas talibanes y proceder al rescate de las ninfas sometidas, tal y como ocurría en “Mad Max Fury Road”.

El film, no exento de tópicos del género, no se queda sólo en la tensa acción vibrante, sino que afortunadamente se permite reflexiones sobre el presente. Eva Green en primera persona es consciente de que, aunque no haya leído a Nietzche, en el mundo actual se ha movido tantas veces y en tantas direcciones la línea que separa el bien del mal, se ha cruzado en tantas ocasiones, que el ser racional vive desnortado, azotado por una tormenta interna en la que todas las piezas del tablero han sido dilapidadas y la reflexión ética y la razón parecen haber pasado a mejor vida. Su forma obsesiva rayando en la locura de cavar a pala unas tumbas tanto de soldados como de afganos muertos en una refriega es el retrato del hombre moderno  absorto y sin respuestas en un mundo desquiciado.



Queda una película que no es redonda. Típico caso en el que un planteamiento desarrollado en la mesa de los estudios caduco, cargado de tópicos y fuera de foco puede ser superado en manos de un director con mano y personalidad (Martin Campbell) que aprovecha un guión cartesiano para ir más allá, dejar su firma y colar entre línea y línea a través de un personaje potente una radiografía lúcida y pesimista de un mundo sin brújula. A la vez que realiza un scanner bastante preciso de la bestia de la guerra. La soldado mal hablada, irascible, enfadada con el mundo y prima hermana de Harry el sucio se sorprende a si misma manteniendo una larga conversación sobre música con un afgano ¿Posibilista? Puede. Pero aquí Martin Campbell nos dice que tal vez no esté todo perdido. Y que el cine en ocasiones sirve para recordárnoslo    


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