miércoles, 14 de agosto de 2013

CANCIONES EN UNA BOTELLA



La canícula y sus efectos. En verano se encienden las luces y se ventila.Es posible que más de uno, siendo las fechas que son, habrá pensado que este año se libraba del castigo veraniego. De la matraca musical de costumbre. Pues no. Este año canciones y dedicadas como en los añejos seriales radiofónicos. Eso sí, una vez más, se van a conservar las premisas. No sonarán acordes de música clásica ni overturas contemporaneas. Ni ópera, ni crooners de toda la vida. Ni el rey del rock, ni la Callas, ni Cole Porter, ni Ella Fitzgerald, ni Francoise Hardy. Los temas elegidos, salvo un par de excepciones, contendrán incipiente música de ahora mismo. El reto del juego está en encontrar algo dentro del panorama actual que merezca la pena. Veremos con que resultados.
A ello hay que añadir que, sin que sirva de precedente, los temas van a estar específicamente dedicados a los que visitan la sala oscura. Ello plantea dos lógicos problemas. El primero, encontrar temas actuales que estén a la altura de tan insignes visitantes. Lo cual no descarta el patinazo mayúsculo en la elección. Se admiten quejas. El segundo, que ante la imposibilidad de dedicar una canción a cada uno, he decidido agrupar con el riesgo que ello trae consigo. Por afinidades o por otras razones. Ello puede dar lugar a que la canción dedicada no guste absolutamente nada y sí otra. También se admite el cambio de pareja musical. De todos modos, no importa. Sienta todo el mundo que, aunque tenga adjudicada una canción, en realidad, todas los temas están dedicados a todos.Y sin más dilación y como el calor aprieta vamos allá con el experimiento. Esperemos que alguna pase el corte.



Hasta tal extremo llega la apuesta por las bandas jóvenes que vamos a comenzar por una que acaba de quedarse compuesta y sin compañía discográfica, la cual, al parecer ha secuestrado incluso su material. Su nombre the good natured. Si no desean desaparecer (y están en trance de ello) tendrán que seguir practicando su pop bajo otro nombre y en otros ámbitos, tal vez en la red. Todo está en el aire, menos su música que aun permanece. Este tema fresco con estribillo juguetón va dedicado a la sensible Emy,a Alis, Christian (abonado a la última función), Aileen Godoy, la imcomparable e indescifrable Lía, a Shide, a la sugerente María Paula, la infatigable Dorothy (con o sin tacones), y a la elegancia de isabelnotebook y meinemeikki. Sin olvidar a Johnyzuri







Desde Reinosa, Cantabria, o sea la propia tierra de uno y con foto lluviosa, como debe ser. y dedicado a Pabela y su intuición, a la sensible poeta uruguaya Fiorella que hace brotar hermosos poemas sin necesidad de dar patadas a la máquina, a la infatigable y certera Cinerata, a la no menos sugerente y sensible Diana Profilio, a la amante de las letras Antonia Romero, a la siempre atenta Beatriz Salas, a Miguel Ruiz, al recientemente incorporado Antonio H Martin y su gusto por la curiosidad y a Maraminiver y su contagioso sentido del humor a la hora de dar la vuelta al celuloide. Para ellos Rulo y la Contrabanda, o esa forma de entender la música a través de tiempos medios con mensaje incorporado. Un tipo que lo tiene claro: Lo bonito es cuando hablan los chavales, lo feo cuando miente el telediario.







Hay algunos ciudadanos como C Noodles, cuya curiosidad innata para ver cine sin descanso parecería que les lleva por un contínuo viaje por las carreteras perdidas de Lynch, tan queridas por David Amoros, amante y constructor de festivales y amistoso discrepante con argumentos y gran estilo. En este pack no pueden faltar los que consumen películas a velocidad de vértigo y las digieren y degustan con sumo gusto. Es la eterna búsqueda de la toma efervescente, el cine puro. Caso de Daniel Bermeo, Mario Salazar, el meticuloso Emilio Pazos, GCPC, Luis Cifer, Leon,J Feat J, Angel Lys o el asilvestrado Roy Bean (saludos juez). Sin olvidar a David y Cristina y sus pormenorizados análisis sobre cine clásico y al incombustible Scotty en la ciudad de la luz. Gente cuyo ritmo exige pedalear a tope y sin descanso, aunque la sesión sea discontinua (saludos para ti también). Aficionados con paladar exigente y memoria cinéfila de elefante. Siempre indagando en la vanguardia y buscando nuevas apuestas. Para ellos un tema de la singular Lissie, pues la operación rescate se impone en ciertos momentos. El toque indie y selvático.







Hay paladares muy peculiares. Para un tema que valora el esfuerzo de construir lo esencial, nada mejor que sumergirse y bucear. Espero que lo disfrute la sensibilidad con los pies desnudos de Victoria, Antonia Romero y su gusto por las letras, y que todo ello pueda caber en el saco de pensamientos de María,  lo disfruten Alma Mateos, Elena Rius o Mariano Sanz. Y ricky el vikingo. Sin olvidarme de los maestros Manuel Marquez Chapestro, Jose ramon Santana y Alfredo (escalón tras escalón hasta los 39 y Ozores forever). Todos ellos gourmets de primera a la hora de enfrentarse a la página en blanco y al análisis sin pelos en la lengua. Y es que como cristal00k es necesario aportar una mirada cristalina. O contemplar el mundo desde el prisma sensual y reflexivo de un planeta verde como Amaltea. O el particular y aromático de Villma Bellucci. Sin olvidar a Fer que desde Argentina transmite su pasión por la indagación continua por sentir y compartir. Todos ellos esenciales. Y buceadores natos. Para ello, veamos si la balada italiana ha muerto o no. Lo canta Marco Mengoni







Hay personas con gustos tan eclécticos y particulares que aunque pueda parecer fácil dedicarles una canción, no lo es tanto. No es tan sencillo complacer a personas que sin descanso buscan la utopía y la belleza. Por ejemplo,a infatigables melómanas peliculeras degustadoras del arte en todas sus expresiones como Laura Uve. Otro tanto se podría decir de la corresponsal en Viena Dona Invisible. Siempre a la busqueda de un distrito nuevo y una curiosidad distinta, indagando hacia adentro y hacia afuera. O a quien el filo de su afilada pluma invita a viajar por un singular boulevard, una memoria perdida: Anna Genovés, siempre al límite y desentrañando misterios a flor de piel. Arrojando textos alambicados que aceleran las pulsaciones. Para asimilar y disfrutar sus hallazgos (los de todas ellas) tal vez necesitemos un profundo bypass. De eso sabe y mucho J.C Alonso, certero y barroco analista de muchas caras ocultas, atractivas y seductoras. Este tema va a servir también para la exquisitez literaria de la Dame Blanche y para Ambar y Azpeitia Alep. Selah Sue ha recogido un testigo muy complicado por no decir imposible. Pero lo hace con tal entusiasmo y entrega que su música termina por ser de alto octanaje.








Para encontrar la pulsación y la potencia lírica de letras derramadas en ocasiones se necesita un mapa. Y saber leer la compleja cartografía humana. Esa que viene cargada de lucidez y sarcasmo (saludos al cadalso). Para llegar al maravilloso reino de Paradela basta con abrir una ventana y dejarse seducir por ese espacio mágico y humano. Un entrañable microclima que no es gallego, es universal. Lugar obligado de parada y fonda. Tanto como el tinerfeño repleto de imágenes impagables y un lenguaje recuperado al abrigo de la poesía. Para personas que dan a la vida un color tan especial como Marinel, Sue, María Jesus y su animalario o Virgi a orillas de la tierra volcánica vamos con alguien como la francesa Zaz. Siempre optimista y poniendo una o varias notas de color.





Kristina Train actua, se mueve y seduce casi como una diva. Esa voz y esa cadencia musical resultan perfectos (espero) para la maravillosa SQS y su pasión por las divas, para Epona Cos, de quien tanto he aprendido de tantas químicas y físicas, para la sensible mirada siempre atenta de Maripaz Burgos (extensible a todo Guardo) y su baul de Laika, Francisco López o Mariano García. Y como no, para la pequeña Meg, que no se pierde un libro ni se despista de una buena película. Sin olvidar el magisterio de Paz Torradabella ni al polifacético baul del castillo que guarda Mariela Ortega. Otro tanto podría decir de Ariodante, infatigable lectora, degustadora de tesoros literarios. Y al infinito universo de Ohma. Gracias a todos.







No se puede dejar de mencionar a la gente más cercana. Aquellos que  animaron de una forma o de otra a abrir esta página. Los que comentan tomando un café. Los que no tienen nada que ver con el cine y sin embargo pasan por aquí.  Gracias a Tomas, Luz, Oscar, Ana, Angel, Agustin, Alvaro, Ana, Teresa, Eva, Sergio, Beatriz, Carmen, Marina, Marta, Jorge, Javier, Pilar y algún otro que sin duda se me olvida. También aquellos que de forma anónima han terminado indagando, aunque sea para ver a Mimi Rogers nude again.
Y por supuesto un recuerdo muy especial para dos personas que aunque aparentemente se marcharon nunca se fueron. Sé muy bien que siguen por ahí: Ana y Anro. Para todos ellos, que de forma sigilosa visitan la sala oscura un tema que hace referencia al espacio. Dave Matthews pasado por agua.








Uno de los fenómenos musicales más atractivos y exquisitos del panorama actual es Ellie Goulding. Si su afición por la electrónica no lo estropea estamos ante la heredera directa de Kate Bush. Sin duda, el mejor disco del pasado año que uno ha escuchado es el suyo. Nada mejor que su música para agradecer a dos elegantes damas: la apasionada, curiosa y vitalista Hildy Johnson y la fina ironía y lucidez de La hija del acomodador (con especiales saludos para el padre) siempre estimulante. Y para poner en su lugar a dos exploradores natos de lo musical: Tenembaum y su incansable recorrido por la música y quien no se pierde un concierto y nos lo cuenta: million milles of music.








Es un lujo irse de safari y terminar a orillas del Sena, contemplando hermosos dibujos. Para hablar de Abril, Josep y David me voy a colocar el famoso sombrero anti lluvia ácida y mamporros varios. A gente tan amable que te presta su apartamento no conviene contrariarla con debates estériles sobre los refrescos de cola. Y para que no salten chispas diré: No voy a meterme con Paul Newman, ni pienso atacar a Tintin. Haya paz.
Hoy voy a ser tan cortés que aunque no pienso poner ni a ninguna diva del jazz, ni a Frankie Sinatra, ni a los chicos de la playa, esos que tanto gustan a Josep, vamos a dar la nota. Y a David, decirle que puede estar tranquilo: no pienso poner a ese curioso grupo que no se corta el pelo, de cuyo nombre no quiere acordarse y que le provoca alergias varias. Es más, ni le vamos a citar. Eso si, he realizado mi particular safari nocturno para ver que ponía. A punto ha estado de sonar Olivia, pero finalmente, y sin que me lo chive ningún loro, me he decantado por Natalie Merchant. Por cierto, el tipo del que habla la canción no es ninguno de vosotros, seguramente soy yo.    







Hay pasadizos estupendos cargados de literatura y buenos cócteles que conducen a palabras nada efímeras, a micro relatos perdurables y memorables. Es el señuelo de las palabras bien enlazadas. Cobijos para losers erráticos y poéticos y gente cuyo linaje es conveniente no perder de vista. Es el recreo en la palabra hecha carne. Convertida en delicatessen. Con los pies desnudos y la frase justa. Mi inevitable recuerdo a los admirables y admirados Juan Herrezuelo, Jose Luis Martínez Clares, Esilleviana, Isabel Martínez Barquero, Belkys Pulido y Victoria Branca. Como suscribiría el amigo y maestro Francisco Machuca cada hoja, cada párrafo de su lectura, es tiempo ganado. Para ellos y para todos los que haya podido olvidar por el camino (a los que pido disculpas de antemano) vamos con un tema del suave y sin embargo aromático Jason Mraz. Apegado a la naturaleza y en comunión con el ser humano. Un trovador del siglo veiniuno para los nuevos trovadores










Hay poltergeist en la sala oscura que necesitan una urgente explicación. Curiosamente, desde hace ya tiempo, la misma persona con un botellín de agua se sienta a mi lado. Ahí están siempre. Ella y su agua mineral. Nunca falla. Se traga incluso las de terror. Es la que me advierte a la entrada ¿esa? ¿seguro? Los fenómenos extraños son así. Aunque en realidad, hay que admitirlo, soy yo quien se sienta a su lado. Quien no concibe la aventura del cine sin ella. En el viaje a la sala oscura siempre hay billete para dos. Gracias Olga, mi columnista favorita. Cuestiones más intensas y frases más inspiradas e íntimas te las diré en persona. Y ahora viene lo peliagudo. Creo que le gusta esta canción, o el que compuso esta canción. Como me equivoque...



La vida es ambigua. Sin embargo para terminar vamos a ser explícitos. Este arrebato de cortesía para quienes pasan por aquí no deja de ser una excepción. Necesario agradecimiento a quienes hacen esta página posible. Para todos mi consideración y mi agradecimiento. Antes de decir temporalmente au revoir les enfants y dejar que el viento nos lleve dónde le apetezca, dejar claro que no es necesario agradecimiento alguno. Quien agradece soy yo. Mientras tanto, se desea un feliz verano a todo el mundo.

jueves, 1 de agosto de 2013

LA LINEA DEL HORIZONTE


Piensa en verde, dice un anuncio de cerveza. Veamos. El muchacho con los cabellos verdes de Losey hace mucho que no la reviso. Y no la reponen nunca. “Lo verde empieza en los pirineos” era de dos rombos, esos que al parecer van a restaurar por nuestro bien. Las verdes praderas de Garci quedan lejos. Y, aunque los pijamas de colores no producen alergia, no he visto “Linterna verde”.
Mejor buscar en otros páramos. Probemos con esto: “Del sol quedaba un último, frágil segmento anaranjado. Lo vimos desaparecer detrás del perfecto borde del mar, envuelto en un halo que aun duraría algunos minutos. Y entonces surgió como un fulgor, una chispa instantánea en un punto como de fusión alquímica, de solución heracliteana de elementos. Una chispa intensamente verde”. Así describe la experiencia vivida en la isla de Mallorca Julio Cortazar en su relato titulado “El rayo verde”. Si la narración “De la tierra a la luna” se había hecho realidad, otra también cobraba forma.
Julio Verne escribió la novela “El rayo verde” en un serial de periódico. Tal vez una de sus obras más esquivas y menos conocidas. No para Cortazar, que quedó extasiado con la novela y con la contemplación del fenómeno natural que se produce muy extrañamente cuando los últimos rayos de sol se confunden con los destellos de agua marina en el horizonte. En su relato, Cortazar llega a sentir que es interpelado por el propio Julio Verne quien le murmura al oído “¿lo viste al fin gran tonto?”.

Ser testigo invisible de ese milagro natural nos convierte en cómplices de una metamorfosis cósmica. La cuestión radica en otorgar o no algún tipo de significado ulterior, mágico, místico o atávico a un fenómeno que sobrepasa lo físico y se adentra en lo lírico por su belleza.
Somos maestros de cuanto desconocemos afirma el poeta Carlos Marzal. Y quien plasmó destellos sobre la arquitectura del aire y los reinos de la casualidad nos permite volver a realizar las eternas preguntas sobre el mito del rayo verde al abrigo de la instantaneidad del ser. Dice la leyenda que quienes contemplan juntos ese último mágico rayo verde disfrutarán de amor eterno en su seno, como si fuese una leyenda griega o un aforismo inmutable.
No vamos a preguntar a un geofísico sobre la cuestión. Esto es una página de cine. Veamos que opina Eric Rohmer. Sí, ese director francés sobre el que algunos preguntan con temor no exento de advertencia: “Oye ¿Tu no serás de esos pesados gafapastas aficionados al cine que disfrutan con las películas contemplativas francesas tipo Eric Rohmer?”.

Teóricamente (llevo gafas de pasta) tras los cuentos morales, “El rayo verde” sería la quinta entrega de su serie sobre comedias y proverbios. Aunque no obstante, esta película posee una libertad que la aleja de cualquier etiqueta. En ella se combina una particular visión del viaje homérico de “la Odisea” con un análisis detallado y sútil  del hecho femenino. Y todo ello con los ropajes y colores de una cámara que busca en todo momento la expresión naturalista y la pincelada impresionista.
El comienzo urbano narra las vicisitudes de la joven Delphine (Marie Riviere) que recibe en la segunda secuencia lo que Marguerite Duras denominaba la bofetada existencial. Que por cierto, nada tiene que ver con la que recibe Gilda de manos de Glenn Ford. El bofetón llega cuando el difícil equilibrio de nuestras vidas sale a relucir por un mero detalle. Por ejemplo, que la amiga con quien se iba de vacaciones no pueda ir y deje a nuestra protagonista sin rumbo y a la deriva.
Y no es que le falten planes. Puede irse con unos familiares a Irlanda, con unos conocidos a Cherburgo, o quedarse en la capital disfrutando de las terrazas. Pero una vez el plan original se ha venido abajo, Rhomer nos presenta a una mujer que, en los primeros instantes, deambula sin saber muy bien que dirección vital tomar. Desubicada y sin motivación, la soledad le obligará a un reencuentro consigo misma y a replantearse su existencia. Las conclusiones que saca le permitirán tirar hacia adelante.

Es entonces cuando habrá que hacer acopio de fuerzas para iniciar un peregrinaje sin aparente rumbo fijo, un viaje que, no obstante, no es hacia ninguna parte. El encuentro con en el amor verdadero contemplado como utopía realizable será el eje emocional que guiará a la protagonista.
El itinerario le llevará de norte a sur, a conocer a personajes de todo tipo y condición y a acumular vivencias. Narrado todo con esa capacidad de observación del entorno y de los tipos humanos tan propia del director. En apariencia todos más felices que ella, que dibuja un tipismo en el que a primera vista, Delphine es la diferente, la  rara, simplemente por no saber (ni querer) disfrutar del verano de modo convencional.
Un ingenuo interrogante que se revelará de gran personalidad. Inflexible y rotunda en su forma de ver la vida, no se rendirá a los tópicos convencionalismos, ni de clase, ni sociales, pues sabe muy bien lo que desea. Sus actos, una vez se hace a la idea del revolcón existencial, confirman un tesón y una firmeza impropios en el cine de Rhomer, que suele moverse mucho más en el terreno de la indefinición y la duda.

Además, se palpa una complicidad que arroja resultados sorprendentes, lográndose una casi perfecta simbiosis entre el rol de la actriz y la protagonista que la encarna. Sobre la base de un método de trabajo que incluye improvisación en los diálogos y tomas a la primera, brotan de forma natural momentos de gran fuerza en la descripción de ese itinerario femenino en el que la risa y las lágrimas, el desencanto y el gozo se conjugan de forma admirable. Practicando ese tono cercano al documental que sabe atrapar esas miradas furtivas, esas risas contagiosas, esas ilusiones anheladas con pasión. Ensueño y realidad, lamento doloroso y entusuiasta lirismo poético terminan por aliarse en un todo mágico en su exposición.
Conste que no estamos en territorio conocido. Por ejemplo, la peculiar odisea de Delphine, poco tiene que ver con el viaje hipnótico y abierto hacia el abismo de Debra Winger en “El cielo protector”. Como tampoco es equiparable al que vive Meg Ryan en “French Kiss”. Ni con el de Kate Hepburn por Italia de la mano de Rossano Brazzi en “Locuras de Verano”. Y sin embargo, la personalidad propia de Rohmer otorga a "El rayo verde" film una textura única que lo hace parecer como un imposible y extraño mix de las tres. 


Resulta admirable la película. Como lo es Delphine, en cuanto se convierte en una observadora nata que contempla el mundo que le rodea como un hermoso e indescifrable interrogante. Un personaje que está en continuo e íntimo diálogo interior y a la vez, atenta al mundo exterior. Que un personaje así persiga la visión del destello del rayo verde es algo más que una paradoja. Es la lógica consecuencia de su admiración por las maravillas del mundo y de su forma de encuadrarse en él. De encontrar el necesario equilibrio.
Entendido todo él como una incógnita y a su vez como tabla de salvación para sobrevivir y encontrar la felicidad y la armonía en una sociedad alienada, que no obstante encierra un mundo en el que aun cabe el prodigio de la maravilla. En este sentido la película, sin eludir espina alguna, termina por afrecer un legado positivo y optimista. Un relato de gran hondura que también   se disfruta con la epidermis. Una auténtica sinfonía para los sentidos.





Y en condiciones cuasi amateurs. Pese a rodar con una cámara de 16 mm y un equipo semiprofesional y muy reducido, Rhomer filma una cinta luminosa, captando la magia de la campiña, diseñando personajes atractivos y logrando el más difícil todavía: concretar esa escena hipnótica y vibrante en la que Delphine y su acompañante se sientan a contemplar la posibilidad de vislumbrar lo que maravilló a Cortazar. La serenidad del momento, las miradas hacia el horizonte, el tempo de la escena al ritmo de la naturaleza, configuran una set-piece única y maravillosa. Emotiva y lírica.
Es la pura esencia del mundo en movimiento captado por una cámara. Es la emoción del ser que lo contempla que se traslada al espectador. Es un momento irrepetible, como cada partícula de celuloide que por fin toma tonalidades verdes. Lo llaman la magia del séptimo arte. Y para ello sobran travellings. Solo hay que colocar la cámara apuntando hacia la línea del horizonte y esperar. La naturaleza, ese paraíso inabarcable, se encarga del resto.     


jueves, 18 de julio de 2013

LOS CAMINOS DE LA REDENCION


Se lamentaba Ortega de que el hombre moderno fuese un “hombre de cera”. Aficionado al goce inmediato, egoísta, soberbio y un tanto irresponsable. Un ser sobradamente pagado de autosuficiencia y ego que confunde el libre albedrío con la auténtica libertad consciente. Y eso que no conoció al postmoderno del siglo 21. Seres orgullosos de vivir por fin en una sociedad sin dogmas y plagada de adelantos tecnológicos. Estímulos de plastilina que a poco que se observen dibujan un panorama engañoso.
Tras la fachada del ser autosuficiente late una tonelada de complejos impostados y decadencia que facilitan que el modelo se derrita con facilidad. Prisionero de la globalización de las conciencias y anulado su crecimiento como ser autónomo sustantivo, el ser que siguiendo a Nietzche dijo que Dios había muerto, veía como su propio endiosamiento se diluía víctima de otros sistemas implacables creados por él mismo. Es el hombre-masa devorado por la sociedad abierta. Otra que también flaquea. 



Para paliar semejante desenfreno algunos reaccionaron y se inventaron lo del rearme moral. El hombre podría campar a sus anchas en alas del espejismo liberal y prescindir de toda divinidad, aunque se olvidó un detalle. Tal vez esta no había dicho su última palabra. Y en el fastuoso desfile de vanidades varias, siempre resurgirá quien invoque de nuevo la ira de Dios para tomar venganza justiciera. El implacable castigo por olvidar el fuego y la palabra.
De eso va “Ultima Llamada” film del irregular Joel Schumacher. Los primeros planos nos muestran las plácidas y pomposas nubes de un cielo azul con fondo de gospel angelical. El plácido plano no tarda en cruzarse con un molesto e imprevisto objeto volante, símbolo de la modernidad científica: un satélite espacial. La cámara le sigue por los conductos y cableados en un picado imposible hasta llegar a un teléfono móvil. Uno de los millones de teléfonos móviles que pueblan el enjambre de la grandes urbes de corte babilónico. “antes, alguien hablando sólo era síntoma de demencia. Hoy es un símbolo de distinción social” dice la voz en off.



En la nueva Sodoma del siglo 21, según Schumacher y su guionista Larry Cohen, para orquestar el discurso del azote moral, casi sirve cualquier ciudadano. Para la ocasión escogen a un ventajista agente de prensa (Colin Farrell). Un tipo con aires seductores y mefistofélicos que sobrevive engañando a varias bandas a los clientes a los que representa. El prototipo del postmoderno de temporada. Su juego es el del trueque continuo a base de fachada y mucha labia. Una vuelta al mercado medieval en el que el intercambio de favores se da la mano con el engaño y la amoralidad. Y siempre para sacar provecho y reírse del mundo.
¿Posible atenuante que no termina de colar?: pícaros los hubo, los hay y los habrá siempre. Sin embargo, a este tipo autosuficiente no le basta con ser un traidor profesional jugando con cartas marcadas, vestir de diseño y lucir sonrisa. Entra también en el terreno personal intentando camelarse a una aspirante a actriz (Katie Holmes) a la que dice que ha colocado en una posible terna para un papel, atención, junto a Cameron Díaz y Julia Roberts.



Para hablar con ella se quita su anillo de casado. Para que su mujer (Rhada Mitchell) no descubra sus escarceos telefónicos llama desde una cabina. Pero su sorpresa será mayúscula cuando al otro lado de la línea se encuentre al dios iracundo con la guadaña, dispuesto a desplegar su ira y hacerle pagar sus muchos pecados, que incluyen soberbia, lujuria y avaricia, entre otros. Las artimañas de trilero y su pose de fantasma no le van a servir a la hora de enfrentarse al ojo que todo lo ve.
Y pronto el espectador se da cuenta de que esta no sólo es una película de suspense. Es un film con evidente trasfondo ético y religioso en el que se va a someter a juicio sumarísimo al pobre infeliz, que tendrá oportunidad de conocer un adelanto del infierno de Dante en exclusiva. Y es que el Padre-Creador parece muy enfadado con el comportamiento de su hijo en la tierra.
Por supuesto, el escenario también es simbólico. Para una confesión en toda regla de los más íntimos pecados, la cabina telefónica hará las veces de confesionario. Y todo ante el nuevo altar tecnológico del mundo: “mira a esos turistas grabando con sus videocámaras, esperando a que la policía te acribille para vender las imágenes a una tv sensacionalista” dice la voz. Aquí hay también una acusada ración crítica para la sociedad tecnológica que deshumaniza e incomunica al ser humano. La cuestión es si habrá piedad o perdón para el pecador, ya que de entrada no hay ni propósito de enmienda ni dolor de contrición.



Para colmo, hay una advertencia previa que no anima mucho: “antes que tú hubo otros ¿recuerdas al agente de bolsa que murió de un disparo en la cabeza? era un especulador sin escrúpulos que se hizo millonario y retiró sus acciones del mercado justo antes de que cayeran en picado, dejando a los pequeños inversores en la miseria”. ¿Es o no actual esta película?
Dice Martha Nussbaum que una de sus mayores preocupaciones es la vulnerabilidad del ser humano en cualquiera de sus manifestaciones. Económica y social, sí. Pero también ética y moral. Y como el vacío moral lleva a que algunos se crean tocados por un baño de impunidad que les permite actuar como quien juega al monopoly, con los resultados conocidos por todos. El desarrollo de “Ultima llamada” nos permite asistir en tiempo real al rápido proceso de vulnerabilidad de un hombre que pensaba que pisaba firme y se reía del mundo, hasta el extremo de verlo sometido a la humillación moral y casi a la lapidación pública.



Grabado por todas las televisiones, objeto de curiosidad nacional, acordonada la zona por la policía, en apenas una hora la arrogancia ha desaparecido. El helado de vainilla se ha derretido. El super yo se ha venido abajo. Ahora estamos ante el hombre sin atributos, acorralado y chapoteando en su propia miseria. Anulado como ser humano. Se podría discutir si merece la humillación que sufre. Una serie de directos sin descanso que mandan al púgil a la lona. Un auténtico ajuste de cuentas con el ego superlativo del prototipo postmoderno de última generación.



Pero atención, que hay sorpresa. Una penúltima pirueta de guión permite contemplar al protagonista ejerciendo el papel de mártir adoptando la posición de quien vive un vía crucis. Hasta el punto de adoptar la postura del crucificado ante la masa. Lo cual abre perspectivas insólitas y ambíguas en el relato. La confesión final en la plaza pública buscando la redención no permite al film llevar sus propuestas hasta las últimas consecuencias.
Ese es el problema del hombre contemporáneo y del film. Ambos creen que un giro de guión les redimirá de sus pecados y les permitirá renacer como hombres nuevos. Como si todo hubiese sido una mala pesadilla de la que se sale con la lección aprendida. Por desgracia los Stuart Shepard (Colin Farrell) de este mundo son mucho más cínicos. Así nos va.
Ante un film de estas características, siempre cabe preguntarse si la fábula moral que encierra no posee ciertos tintes reaccionarios o cuando menos fundamentalistas de carácter ortodoxo. O si en el fondo, pese a toda la artillería que se despliega este no es un film en el fondo conservador. Es una respuesta que corresponde a cada espectador. El cual dispone de varias opciones.
La primera es disfrutar con los nerviosos movimientos de cámara, las piruetas de guión y la dosificación del suspense de la película sin entrar en otros guisos. El aroma de Richard Matheson dejando al individuo a la intemperie ante fuerzas que no comprende late con fuerza en algunos pasajes, en los que el hombre pierde absolutamente el control de la situación y el cómodo mundo en el que creía vivir parece desmoronarse.



La segunda es adentrarse en el conflicto ético y moral que plantea la película, en la que los ecos de la culpa calvinista de raíz protestante asoman en más de una ocasión. Junto con la afición del cine norteamericano por las teorías conspiranoicas y los rifles de repetición en las ventanas. Un complejo no superado desde el magnicidio de Dallas en 1963. Quien no desee verlo por ese lado, puede contemplarlo como un severo correctivo al postmoderno contemporáneo que creyó comerse el mundo no hace tanto. Y adivinar que los problemas económicos son una consecuencia de las grietas éticas. Eso si, rebajado en grados en su final.
No seria justo olvidar que siempre queda una tercera opción. Recrearse en las ajustadas interpretaciones de Colin Farrell y Forest Withaker y en la belleza de Rhada Mitchell y Katie Holmes. O en la nerviosa cámara de Joel Schumacher, quien por una vez captura con sus imágenes un mundo alucinado. Esta película se filmó en diez días. Era el tiempo que duraba el permiso para cortar la calle en la que se rodó. Está claro que en algunos casos, la premura agudiza el ingenio.